Bellas y Airosas/Elvira Hernández Carballido

Para Mauricio Ortiz Roche,
Jefe del área de comunicación, el mejor amigo, cómplice solidario.

 

Fue en 2001 cuando la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) dio a luz una nueva licenciatura, la misma que por todo el país ya luchaba desde hace tiempo por ser una comunidad percibida, que oscilaba entre el periodismo, los medios, mensajes y narrativas. Que prometía formar personas dispuestas a informar, que aprendieran teorías, pero jamás se alejaran de la práctica. Una juventud que comprendía el compromiso de comunicar e interactuar, con ruido y pese al ruido, en mil contextos posibles e imposibles, desde el periódico hasta la computadora, la voz y la mirada. Comunicar, siempre con el alma y la creatividad.

Cuántas generaciones ya han pasado durante estos veinte años, aprendiendo y criticando, dispuestas a absorber el alma de cada clase, a leer con diccionario en mano, a escribir escuchando su corazón, a pararse frente a una cámara y sonreír pese a los nervios, disfrutar encerrarse en una cabina de radio, descifrar la comunicación verbal y la no verbal, explorar códigos no dichos, denunciar lo que no nos gusta, lo que se debe de cambiar.

Cada persona que ha trabajado en el área académica de comunicación ha dado a su manera momentos y logros, errores y oportunidades, buenos tiempos y otros para olvidar. Libros para delatar la magia de cada mensaje, para insistir que la comunicación es cosa de hombres y mujeres, para hacer visibles voces e imágenes. Artículos que diseccionar emisiones sonoras o congeladas, discursos generosos e inolvidables, perspectivas preocupantes y actitudes que prevenir.

Estudiantes que con sus pasos y ropa le dan un sello especial a esta licenciatura, desde los cabellos coloridos o las filmaciones en el pasillo, recostados en el piso para captar con la cámara una forma de pisar el mundo o para memorizar teorías que después descubrirán sí valía la pena conocer. Nunca se olvida esa primera vez ante el micrófono, los guiones redactados y corregidos mil veces casi en la madrugada, el análisis que detectan a ejemplos que hay que olvidar o a los que deben seguir inspirado. Risas y compromisos, amor por la comunicación. Esa mirada para descubrir la falta de ortografía, la crítica a la frase mal redactada, el cuidado amoroso al teclear una de cada mil palabras plasmadas en la pantalla, en la hoja en blanco, en nuestra voz.

Yo llegué a esta licenciatura en 2004, la conocí ya dando pasos seguros, con un largo camino por andar. Aquí confirmé mi vocación y me volví investigadora, sigo amando entrar a mi salón para encontrarme con chicos y chicas gozosos de aprender, de sorprenderme, de enseñarme mucho más de lo que yo les puedo compartir. En este espacio he podido compartir historias de mujeres, valorar mi pasión periodística, fortalecer mi alma siempre generosa, que no deje de regalar sonrisas, buena fe y optimismo. En los buenos tiempos he sabido unirme a ellos con amor sin límites. Cierto, han habido algunos nubarres amenazante que por optmosmo supe enfrentar con paraguas o sin él, con impermeable y a flor de piel, epro siempre busqué la manera de fortalecerme para vigorizar a esta área académica que tanto me ha dado, desde reconocimientos hasta amistades, desde fortalezas hasta fragilidades, adioses a tiempo a gente que ya perdoné y apuestas por mejores tiempos, que siempre llegan, como hoy que celebramos 20 años de existencia.

Gracias a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo por abrir este espacio.