Despenalización del aborto, de lo religioso a lo real

Por Patricia González Miranda

En días pasados, se aprobó la interrupción del embarazo a partir de las 12 semanas de gestación en el Estado de Oaxaca, convirtiéndose así en la segunda entidad de la República que ratifica la despenalización del aborto.

Todo esto se ha transformado en un tema caótico y controversial relacionado con argumentos religiosos y morales.

En lo personal, el contexto devoto pasa a segundo plano. Muchas de las personas que suelen interrumpir su embarazo es ocasionado por delitos sexuales,  trata de personas e incluso, convicción propia, pero nada de esto puede juzgarse si no se conoce el trasfondo de la situación. Somos seres humanos y cada uno es responsable de sus propias decisiones. Estoy convencida que las mujeres deben y tienen el derecho a ejercer sobre su cuerpo, sobre todo en casos de violaciones o en circunstancias de riesgo para ellas mismas.

Recuerdo el asunto de una joven que abortó dentro de una tienda departamental y fue acusada injustamente de homicidio, cuando en realidad ella aseveraba problemas de hipotiroidismo desconociendo por completo que se encontraba fecundada. El alumbramiento ocurrió en un sitio inadecuado y en situación insalubre. Estuvo recluida mas de un año, dictándole posteriormente 16 años de prisión por homicidio calificado, tiempo después fue liberada por falta de respaldo en las pruebas.  Pero…

¿Cuántas mujeres en el mundo viven este mismo escenario?

Se estima que en México se realizan entre 750 mil a un millón de abortos clandestinos anuales, una cifra alarmante, ya que, la mayoría de las veces, los lugares en donde se ejerce esto no cuenta con las condiciones de salubridad y limpieza adecuadas.

La ONU alertó que cada año mueren 47 mil mujeres en el mundo por complicaciones derivadas de prácticas inseguras por la interrupción del embarazo. Por esto, es importante tomar medidas pertinentes y legislar a favor de los derechos humanos de las mujeres.

Muchas de las niñas y adolescentes que se someten a estos métodos, son personas de clase media o baja, que viven en zonas rurales, en donde su propia familia (padres o hermanos) abusan de ellas, y que viven con el miedo de ser rechazadas por sus progenitores o su misma comunidad. Recapitulo las palabras de una jovencita que alguna vez trabajando en el DIF Municipal me dijo: “si no abortaba, mi papá me iba a matar a golpes y mi mamá se iba a decepcionar de mí. Mi padre era su padre”. ¡Con estas palabras entendí muchas cosas!

Algunos individuos me han comentado de centros de adopción, en caso de procrear sin deseo alguno. A mi modo de ver las cosas, el daño que puede ocasionar el rechazo de la madre biológica a un niño o niña, puede ocasionar un detrimento moral e incluso mental en la vida de ese ser vivo. Hay que pensar a futuro, no solo en el presente. El daño psicológico causado a un infante por abandono o por no tener las atenciones necesarias por parte de su madre o padre, porque probablemente no estaban en edad emocional para cuidar de él o ella, puede ser mucho mas grave.

¡Claro!, estoy a favor de una mayor educación sexual desde la adolescencia y de erradicar ese tabú por completo de las mentes de mucha gente, pero igualmente estoy a favor de que las mujeres gocen de sus plenos derechos humanos para decidir. No solo es la vida del bebé que viene en camino, es la vida de esa mujer que se responsabilizará de él.

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