roberto cienfuegos

Como nunca en el México contemporáneo, el gobierno federal se recarga en las estructuras, mandos y sobre todo, en los altos jefes de las Fuerzas Armadas del país. Resulta prácticamente inédito, genera suspicacias de todo tipo y preocupa que un gobierno emanado de una manera auténticamente genuina por mandato popular, en unas elecciones impecables a juzgar por sus resultados, el presidente Andrés Manuel López Obrador avance paso a paso en una creciente militarización nacional, o si se prefiere, en un uso absolutamente inusual de los hombres de uniforme, en grados -insisto- que inquietan porque evidencian intrusión en la esfera civil y aún el reconocimiento tácito de la incapacidad y/o desconfianza en la gobernanza constituida por el poder civil.

La lista de acciones del Titular del Ejecutivo Federal a favor de las Fuerzas Armadas es bien conocida. Va desde la asignación de tareas relacionadas con la seguridad pública hasta la constitución de una empresa militar para que administre buena parte de las obras insignia de la denominada Cuarta Transformación, entre ellas los aeropuertos de Palenque, Chetumal, Tulum, Felipe Ángeles y hasta el Tren Maya. Todas esas obras de infraestructura serán custodiadas por la Sedena, cuyos efectivos abrazan y aún estrechan el ámbito tradicionalmente reservado a autoridades y expertos del orden civil.

Ahora mismo, la Guardia Nacional, un cuerpo que en sus orígenes fue constituido como un organismo estrictamente civil, y que de esa forma se justificó su constitución ante el poder legislativo, será incorporado con base en una reforma constitucional ya anunciada a las rígidas estructuras y mandos castrenses. Los argumentos del gobierno de López Obrador para explicar y sobre todo justificar esta tendencia que se está acentuando se multiplican conforme se elevan las tareas castrenses asignadas por el titular del Ejecutivo, en detrimento del poder civil constituido en el país.

Los militares de México, el pueblo uniformado como los llama el presidente, están metidos casi casi hasta en la sopa del país entero para decirlo de una manera sobrada y excesivamente coloquial. Construyen aeropuertos, sucursales bancarias, vigilan -que no combaten el crimen, esencialmente- cuidan de puertos y aeropuertos, aduanas, distribuyen vacunas, reparten libros y árboles. Ahora mismo, el presidente abrió la puerta una vez más para que los militares contribuyan a la distribución de medicamentos en las 200 mil comunidades más alejadas del centro geográfico nacional. Así andamos.

En ese contexto, el mandatario lanzó otra flor a los dos jefes castrenses en ocasión del Día de la Armada de México. Asumió como un hecho afortunado el contar con el respaldo del secretario de la Defensa, del secretario de Marina, a quienes consideró dos ciudadanos ejemplares que lo ayudan mucho en su responsabilidad. Dijo que le alivian y aligeran la carga de responsabilidad para no fallarle al pueblo de México y para seguir manteniendo su convicción de no mentir, de no robar y de no traicionar al pueblo de México.

A esta andanada de elogios del Jefe del Ejecutivo a los dos altos mandos castrenses del país, antecedió un discurso el sábado 20 de noviembre, durante la conmemoración del 111 Aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, del secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, quien llamó a la población a apoyar la Cuarta Transformación del presidente López Obrador. Un llamado inédito, sin duda. El general aseguró que las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional “ven en la transformación que actualmente vive nuestro país el mismo propósito de las tres primeras transformaciones: el bien de la patria”.

Afirmó no obstante que tienen muy clara su subordinación al poder civil, lo cual “es norma, responsabilidad y convicción, debido a que la profesión militar jamás contempla aspiraciones políticas”. Es un alivio escuchar esto, claro, pero hasta dónde pueden y deben los militares llenar espacios de la gobernanza mexicana, podría legítimamente cualquiera preguntar. ¿O acaso sólo los militares constituyen hoy la única garantía de gobierno en México? ¿O es una aceptación tácita e implícita de la incapacidad del poder civil constituido para darle viabilidad y gobernabilidad al país? ¿O se asume que la clase política y gobernante de México está tan descompuesta -un eufemismo- que es imperativo recurrir a los militares para que asuman un número cada vez mayor de tareas? Lamentable que pudiera ser así, pero peligroso que ocurra.

Entre las frases más conocidas del ministro de Relaciones Exteriores de Napoleón, Charles Maurice de Talleyrand, se cita con frecuencia la que decía al Emperador, “señor, con las bayonetas se puede hacer cualquier cosa menos sentarse en ellas”. Es bueno recordarla. Esperemos que no haya que constatarla.

ro.cienfuegos@gmail.com

@RoCienfuegos1

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