Por Roberto Cienfuegos J.

Si algo hay claro en nuestro México es la incertidumbre en prácticamente todo. En descargo de ese clima que envuelve a nuestra geografía y demografía, justo es decir que esta situación no es sólo en México, sino en todo el mundo. Es el signo de nuestros tiempos, ni duda cabe.

La tan llevada y traída pandemia de la Covid-19, también es justo decirlo, nos cayó como anillo al dedo (AMLO, dixit), pero para aguijonear y acrecentar nuestra incertidumbre nacional. Y es que hoy, dígalo afable lector (a), de qué usted está seguro (a). Quizá de su nombre, del sitio donde vive, de los nombres de sus familiares inmediatos y cercanos y quiero pensar del lugar donde trabaja si tiene la suerte todavía de sobrevivir con un empleo en medio de la creciente incertidumbre laboral que priva estos días, los más insospechados que hubiéramos podido imaginar.

En un ámbito más amplio todo indica que en la circunstancia imperante pocas cosas pueden estar y darse por seguras. Nos gobierna la 4T, empeñada en una transformación radical del estado de cosas en México. Esa fue la bandera de campaña del presidente. Anunció un cambio de régimen, más allá de sólo un relevo de gobierno y de partido en el poder. Lo está cumpliendo a pie juntillas con el respaldo en buena parte del congreso federal y de otros actores fácticos.

López Obrador nos ha dicho además que las cosas dejaron de ser como antes, supongo que cuando había una cierta o relativa certidumbre sobre el rodar del mundo y, claro, de México. De hecho, asumo que la 4T está marcando un cambio de era, un antes y un después. Desconozco como parte de la incertidumbre que refiero cuál será el rumbo y, peor todavía, el destino de este parteaguas en la historia contemporánea del país. Espero, aunque no confío, en que en algún momento de los próximos 4 años que nos restan de la transformación prometida, nos alumbre a los mexicanos un horizonte infinitamente menos borrascoso o neblinoso del que todavía no acabamos de salir, quizá como dijo el presidente debido a que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo aún no termina de nacer.

Parte de la incertidumbre que nos domina abarca casi toda la vida individual y colectiva en cada uno de los ámbitos que conforman el país. Desconocemos por ejemplo cuáles serán los efectos reales y objetivos de la pandemia, tampoco sabemos cuándo comenzará a ceder -aun se nos asegure que hasta que no haya un tratamiento eficaz o una vacuna capaz de detenerla-; tampoco sabemos cuál será el impacto económico y financiero de la enfermedad o si ésta tendrá nuevos rebrotes y aún si nos costará muchos más contagios y muertes.

Desconocemos igualmente a qué está apostando al gobierno de la 4T cuando nos habla de la “nueva normalidad” y asegura incluso hace tiempo que ya se ve la luz al final del túnel.

Ignoramos además cuál será la suerte y calidad de la educación de millones de niños y jóvenes mexicanos que en el mejor de los casos se instruyen hoy vía remota y/o virtual. ¿Cuáles serán los cambios en materia de ciencia y tecnología tras la pandemia y la crisis económica? ¿Y las universidades? ¿Cómo habrán de reformularse o replantearse para cumplir sus tareas sustantivas?

La producción de alimentos y el comercio agropecuario abre nuevas interrogantes hacia adelante, incluyendo por supuesto los precios, las nuevas demandas y la calidad de los mismos.

No sabemos tampoco cómo evolucionarán las aerolíneas y el sector turismo. Qué pasará con las grandes empresas trasnacionales y sus modos operandi tradicionales.

¿De qué manera se modificarán los esquemas previsionales y aún los sistemas de salud en los países? ¿Qué cambios habrán de sobrevenir tras un control, así sea relativo, de la pandemia?

El mundo del trabajo seguramente registrará cambios profundos a partir de los esquemas que se están instrumentando para enfrentar la crisis sanitaria. Y el medio ambiente es probable que en verdad revista la importancia que se le ha desdeñado todavía en alto grado.

También es probable igualmente que los gobiernos y aún la política den un giro en sus prioridades para incorporar en un mucho mejor sitio el tema de la salud de los pueblos y las estrategias de prevención sanitaria.

Es igualmente probable que la cultura popular, el arte en general, el mundo del entretenimiento y aún del deporte también experimenten cambios hasta hace poco no imaginados.

En pocas palabras es más que previsible un vuelco total en la cultura masiva contemporánea. Nada volverá a ser como fue. Esto es quizá la única certeza posible al momento. Veremos.