Singladura: El Pleito

Por Roberto Cienfuegos J.

Los pleitos por dinero resultan siempre espinosos. Todo lo que quieran, con excepción de que le metan la mano al bolsillo. Allí es donde la puerca tuerce el rabo, dicen los que saben. Pero esto es sólo uno de los aspectos que enfrenta al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador con prácticamente todo el aparato o poder judicial del país y aún el legislativo definido como oposición. Hay otros puntos en la disputa, entre ellos conceptos como justicia, equidad, ética y hasta corrupción y/o complicidad.

Dice el presidente López Obrador que devengar salarios tan altos como 600 mil pesos al mes o casi, constituye un acto de corrupción. Añade su antigua convicción de que en México no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. Argumenta además que en la cuarta transformación nacional nadie debe ganar, no al menos en la esfera pública, un salario mayor al presidencial.

Los ministros y magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la nación se rebelaron y con apoyo de una iniciativa de legisladores opositores, derribaron de momento las intenciones presidenciales de cara al próximo presupuesto federal. Duro golpe asestaron al Jefe del Ejecutivo y sus intenciones justicieras. A López Obrador se le hace tarde para juntar muchos miles de millones de pesos que pretende canalizar a una amplia gama de programas de alivio social, con la doble finalidad de recomponer el tejido social roto por la instrumentación hace más de tres décadas de un programa económico neoliberal que fracasó al menos por los saldos que arroja para la mayor parte de la población mexicana.

Además, López Obrador cree que si el gobierno invierte en “los de abajo” comenzará a ceder el flagelo del crimen común y el organizado. Por ello dijo en su discurso inaugural como presidente del país: “arriba los de abajo”. Puede que tenga razón. Sabemos de sobra que en México el crimen está pagando y bastante bien. Así que muchos jóvenes en particular se enganchan en los amplios vagones de la delincuencia y el crimen como recurso de subsistencia y expresión en cierto grado de rebeldía frente a un sistema que los margina, aún si en esto les va la vida misma.

Pero más allá de la disputa, el pleito o la bronca que se armó ya por la pretensión de abatir los sueldos –da igual si son 600 mil o 575 mil- está creo la ética que debería imperar entre magistrados, ministros, jueces, legisladores y muchos otros funcionarios en la cúspide de la pirámide del poder.

Todavía más. ¿Deben los impartidores de justicia de México devengar sueldos y prestaciones de ensueño en un país aquejado de manera creciente por la miseria? ¿Es ético? ¿Es moral? ¿Es responsable acaso? ¿Cómo justificar por ejemplo aguinaldos para secretarios de Estado de más de un millón de pesos contra los montos risibles que reciben la mayoría de los mexicanos que tienen la fortuna de aún figurar en la menguada economía formal del país, y más aún, contra los millones que no reciben nada o dádivas si acaso al cierre de cada año?

Nadie supone, no al menos yo, que haya sueldos o salarios similares y mucho menos idénticos. Pero un hecho que degrada la vida pública del país es el cisma profundo en materia salarial entre

unos pocos y muchos mexicanos, más aún si se trata de quienes imparten la justicia nacional. Valiente justicia, podría apuntarse.

ro.cienfuegos@gmail.com

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