Los hechos de Antorcha, superiores a cualquier calumnia

Por Guadalupe Orona Urías

Dice Umberto Eco en su novela Número Cero: “…mi padre me enseñó a no creerme las noticias a pie juntillas. Los periódicos mienten, los historiadores mienten, la televisión hoy miente” “… Vivimos en la mentira y, si sabes que te mienten, debes vivir instalado en la sospecha.” También, en alguna de sus páginas dice que un método muy usado (y por cierto muy sucio) en los medios de comunicación es insinuar, hablar de hipótesis, no afirmar, cuidarse… pero afirmar… tendrás que ser muy hábil para decir acaso y quizá.”

Y eso es precisamente lo que hoy estamos viviendo, ciertamente, no sólo en diversos medios nacionales (con sus honrosas excepciones), sino también en los internacionales. Y, ahora, ayudados por las redes sociales, se pueden construir imágenes o destruir reputaciones, iniciar campañas liquidacionistas, pues al final, como también lo señala Eco en la novela de referencia: “…los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar. Les generan las tendencias.”

Y fue justamente lo que vimos en el “reportaje” de Fátima Monterrosa transmitido en el programa de Denise Maerker el pasado jueves 17 de los corrientes, donde anuncia, ¡descubrió! que Antorcha tiene ¡50 gasolineras en el país! Y así, como lo dice la “reportera” en cuestión, da entender, insinúa que, tratándose de Antorcha, una organización social, es un delito que tenga gasolineras en propiedad, claro que no dice por qué es un delito, en dónde está la infracción, dónde el horrendo crimen. Pero continúa con las insinuaciones al señalar que la mayoría de las estaciones de servicio fueron adquiridas durante el sexenio anterior, es decir, sugiere que los permisos correspondientes se obtuvieron en contubernio con los gobernantes priístas, pues ella misma nos señaló como “brazo armado” del PRI, sin ninguna prueba, sólo lo dicho y repetido por décadas en los medios de comunicación oficiosos. Y para terminar su “reportaje”, Fátima Monterrosa menciona a los propietarios de algunas de las gasolineras, pero fundamentalmente a aquellos que están relacionados por algún parentesco con el Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional, el ingeniero Aquiles Córdova Morán. Doña Fátima, en su “investigación” periodística (por cierto es un refrito de ella misma publicado años atrás), debió, mínimamente, investigar el nombre de todas las estaciones de servicio, no sólo las de Antorcha, sino de las más de 12 mil que existen en el país. Pero, obviamente, la perversa insinuación no queda hasta ahí, la señora trata el tema haciendo alusión a que todo lo necesario para dichas inversiones, quizás es dinero mal habido o bien obtenido sangrando los ya de por sí paupérrimos bolsillos de los antorchistas; la señora enloda sin comprometerse demasiado.

Ante toda esa andanada de escoria, me interesa precisar algunas cosas, sobre todo para las mentes sanas que han logrado librarse de la manipulación mediática, de aquellas que al menos han logrado colocarse, instaladas en la sospecha, como dice Umberto Eco, es decir, que se libran de la cárcel mental a la que se tiene sometido a un importante número de mexicanos, o, al menos, logran dudar. Primero, la actividad económica de Antorcha es totalmente legal, legítima y cumple con todas las reglas y

obligaciones. Segundo, los recursos económicos para tales inversiones y otras, los hemos obtenido del trabajo honesto, durante décadas, de miles de activistas, a través de colectas y diversas actividades económicas que realizamos diariamente, así como de nuestras propias cuotas, no de subsidios gubernamentales, ni de cuotas de los millones de campesinos, colonos, obreros y estudiantes que militan en nuestras filas, mucho menos de moches como sugiere Fátima Monterrosa. Tercero, dicho ataque mediático, que no es nuevo, como señalé renglones arriba, se da en un contexto de ataques previos y poco dignos de su investidura, del hoy presidente de la república, licenciado Andrés Manuel López Obrador, hacia el Movimiento Antorchista, acusando, también sin demostrar, que somos “intermediarios” de los apoyos monetarios que el gobierno otorga a los mexicanos más pobres y llamándonos, irónicamente, la Antorcha mundial. Se le olvida al señor presidente que somos una organización legal y pacífica, pero además, no le ha importado ofender a cerca de 3 millones de mexicanos que suman en las filas antorchistas, mexicanos a los cuales también está obligado a atender y respetar; como también lo están todos los gobernadores, pero algunos, como el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, siguiendo el mal ejemplo del primer mandatario, también se han sumado, aprovechando la ocasión y montándose en ella, a la embestida contra Antorcha. Cuarto, este ataque, ya acedo, por lo viejo, aparece justo ahora que el gobierno federal debe atender las demandas de esos millones de mexicanos organizados en Antorcha; porque le estamos exigiendo atención y solución a las demandas de infraestructura básica, educación, vivienda, salud, etc., para miles de comunidades rurales y colonias populares.

Finalmente, pero no menos importante: el ingeniero Aquiles Córdova Morán, líder y maestro ya de millones de mexicanos, es un hombre probo, que ha dedicado su vida completa a organizar y educar al pueblo de México; él con su inteligencia y valor fundó al Movimiento Antorchista, la única organización con una estructura que le permite llegar a todo el territorio nacional y con una independencia económica, envidia seguramente de gente como doña Fátima y sus titiriteros. El maestro Aquiles, el hombre capaz, sacrificado, que estudia y trabaja para provecho de millones de mexicanos, algunos de los cuales, sin conocerlo, son beneficiarios de su esfuerzo, de su trabajo y de sus logros, no tiene necesidad de acumular riqueza material, ni él ni sus familiares.

El ejemplo referido es solo una muestra de los intereses mezquinos e interesados que se esconden tras la máscara de la pretendida objetividad que presumen los medios de comunicación, como al que hacemos referencia en este artículo; muy similar es el intento de la señora Fátima Monterrosa al del fatídicamente célebre ministro de propaganda del fascismo, Joseph Goebbels, quien, bajo la falacia “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, logró atraer, superando las dotes hipnóticas del mismo flautista de Hammelin, a millones de alemanes a la guerra más sanguinaria y destructiva de toda la historia. Por esto, querido lector, lo invito a leer dos veces cualquier información que a sus manos llegue, a cuestionarla y, en definitiva, a hacer una lectura crítica. Recuerde que antes de darle certeza a cualquier información, “es necesario saber quién paga el micrófono”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *